no quiere más trata de personas

foto: diario "Correo"

Margarita Patiño

Tanto amor, tanto infortunio

"Un hombre vive en la casa/ tu cabello dorado Margarita/ lanza su jauría contra nosotros/ nos concede una tumba en el aire/ juega con serpientes/ y sueña ya despierto la muerte".

Paul Celan, "Fuga de muerte", 1948.

Publicado: 2017-05-19

Hace poco tiempo estuve en la casa de la familia Bustíos Patiño en Huanta. Pareciera que el tiempo no ha transcurrido, se percibe aún el olor de Margarita. Los muebles, objetos y plantas están allí como ella los dejó. Sólo falta Kimi, la mascota de Margarita. Durante el velorio la perra permaneció debajo de su ataúd, como si quisiera despedirse de su ama. Tras el sepelio, Kimi se fue de la casa y no volvió más. 

En el comedor de la casa hay un altar para los 3 ausentes, ofrendas de cirios y flores frescas acompañan las fotos de Margarita Patiño, Hugo Bustíos y de Patricia, la hija de ambos. Cuánto amor y a la vez cuánto dolor ha podido albergar esta vieja casa huantina.

Su esposo, el periodista Hugo Bustíos fue asesinado por militares que servían en el cuartel Castropampa, en noviembre de 1988. La vida de Margarita a partir de este terrible hecho, giró radicalmente. Sobrevivió la atrocidad de la violencia interna, educó a sus 4 menores hijos (Sharmelí, Patricia, Celia y Hugo), aprendió a llevar el negocio familiar de compra y venta de cochinilla, tara y cube, además de convertirse en una de las defensoras de derechos humanos más importantes del país. Durante 27 años el móvil de su lucha fue el esclarecimiento del crimen de su esposo y la exigencia de una sanción ejemplar para sus perpetradores. Para que nunca más se repita lo que ocurrió en Ayacucho.

Los que estuvimos cerca de Margarita Patiño conocemos de su perseverancia, de su enorme fuerza para la vida. Sacó adelante a su familia, logrando vencer infinidad de dificultades que se le presentaron tras la muerte de su esposo: la empresa familiar, la casa y los terrenos de los bajíos de Huanta que nunca pudo recuperar. En la época más dura de la violencia, los terrenos de cultivo propiedad de la familia fueron invadidos por los senderistas y luego repartidos entre sus seguidores.

Su largo trajinar en la lucha contra la impunidad, la trágica muerte de su hija Patricia (2006) y la extrema lentitud de nuestro sistema de justicia, menoscabaron su salud pero nunca su fuerza. Persistió en su empeño. Soportó con estoicismo las audiencias del juicio oral contra Daniel Belisario Urresti Elera, ex militar que sirvió en el Cuartel de Castropampa en 1988 y que presuntamente fue el asesino de Bustíos. Por ello viajaba constantemente a Lima, muchas veces contra el consejo de los médicos, que le exigían reposo. Es en esas circunstancias que la muerte la sorprendió en octubre del año pasado.

Maca, como la llamábamos, fue siempre más allá de su calidad de víctima del conflicto, ella fue esencialmente una sobreviviente: mujer, madre, valiente, activa, perseverante, luchadora, honesta. Así pudo sacar adelante a su familia y fue venciendo la impunidad. Sólo queda un peldaño. A su partida las sentidas expresiones dentro y fuera del país, pusieron de manifiesto cuánto ejemplo y cuánto amor sembró en su largo caminar.

Suena en mi memoria un yaraví ayacuchano. El escenario podría ser Huanta, Cayara, o Lucanamarca: “Huamangay quiebran todos tus celajes, y tú les das abrazo infinito, en inmensa herida te están convirtiendo, tanto amor, tanto infortunio” (*).

(*) Carlos Falconí, “Tanto amor, tanto infortunio”, 1986.


Escrito por

COMISEDH

COMISEDH es una asociación civil sin fines de lucro, con más de 35 años de experiencia en la defensa de los derechos humanos en el Perú.


Publicado en

COMISEDH, Comisión de Derechos Humanos

Espacio de opinión (no necesariamente institucional) de los integrantes, colaboradores y amigos de COMISEDH.